 Desde siempre, la vida de Diego Maradona ha sido un termómetro sin
término medio. Una vida sin medias tintas desde lo personal, desde lo
profesional, haciendo un único camino.
Diego muy gordo, Diego
muy flaco, Diego campeón del mundo, Diego en el departamento de
Caballito, Diego ejemplo positivo, Diego ejemplo negativo, Diego amor,
Diego odio, Diego en la clínica con estado reservado, Diego jugando en
el show-ball, Diego amigo de Coppola, Diego peleado con Coppola, Diego
amigo de Basile, Diego peleado con Basile, Diego amigo de Riquelme,
Diego peleado con Riquelme, Diego con programa de TV, Diego en Cuba,
Diego actor, Diego Che, Diego Menem, Diego pro-Chavez, Diego anti-Bush,
Diego Evo, Diego anti-periodistas, Diego con periodismo amiguista,
Diego en radio, Diego en TV, Diego técnico de Mandiyú, Diego selección,
Diego, Diego, DIEGO.
Extremos. Caliente, frío, blanco y
negro. Levantarse, caer, volver a levantarse. Un tema reiterativo para
todos, aceptado por algunos, cuestionado por el resto. Lo cierto es que
la historia es así, ¿Por qué tenía que cambiar con Maradona entrenador?
¿Acaso
alguno de ustedes creyó esa imagen serena, seria, del flamante
entrenador nacional? ¿O decidieron esperar para señalar con el dedo la
imagen del conflicto Maradona-Riquelme? ¿Cuál es la versión real? La
respuesta, ninguna de las dos.
¿Es Argentina la que goleó a Venezuela o la que fue goleada contra Bolivia? La respuesta, ninguna de las dos.
A veces, se corre en Ferrari. Y a veces, se escapa la tortuga.
Un
sector del periodismo acostumbra a ser cómplice de algunas falacias.
Con personajes como Maradona, se engrandecen las historias. El
periodismo amiguista pone excusas en las malas y da palmaditas en la
espalda en las buenas. En otras palabras, defiende la corona en vez de
sentarse, analizar, y dar crédito -o refutar- con argumentos de peso.
"A la altura hay que enfrentarla, gambetearla y hacerle goles", fue la leyenda que pegó Maradona en el vestuario argentino.
Entiendo
que el fútbol sea actitud, de hecho fue el gran cambio del equipo de
Maradona a diferencia del de Alfio Basile. Pero el asunto en la altura
de La Paz es mucho más complejo: no alcanza con alentar para encauzar
un resultado. Se necesita más. Bastante más.
¿Qué hay que
aprender de la goleada? En principio, mucho. Empezando por decir que en
la cancha, si se dan los extremos, casi nunca sirven. Siguiendo este
punto entender que la clave es tener equilibrio, y yendo más allá
preveer los problemas que puede suscitar una sede como la boliviana. O
que hay que evitar dejarle todas las papas calientes a Messi. Hace un
tiempo, el DT dijo que no se puede jugar como "Deportivo Messi". Yo
estoy de acuerdo, pero...
Estoy seguro que Maradona no
pensó en que Mascherano podía sufrir tanto el hecho de jugar en un
lugar así. De hecho, queda claro que no lo consideró en los análisis
previos. De lo contrario hubiese armado un banco distinto, porque ¿De
qué sirve tener cuatro livianitos -a saber: Agüero, Licha López, Di
María y Montenegro- en un partido que uno va de punto y uno de
contención puede fundirse? ¿Battaglia afuera? Así, difícil.
Quizás
el problema es que Maradona consideró que Argentina acá seguía siendo
banca, como sería en cualquier lugar del mundo a excepción de La Paz.
Error. También, que lo de la altura era todo palabrerío, o que al menos
no era tan importante. Otro error.
El post-partido fue
respetable, sobre todo la conferencia de prensa de Maradona. Sin
excusas, con autocrítica y hablando bien del rival. Ahora, no pifiemos:
de puertas para afuera me la creo, de puertas para adentro sospecho -y
esto es así, sospecho, no tengo pruebas- que Maradona debió atribuir
gran parte del bajo rendimiento a la sede.
O acaso alguien me va a decir que Pelusa podía estar tan tranquilo si
hubiese perdido de esta manera tan estrepitosa contra cualquier otro
rival jugando en el llano? Esa sí que no me la creo ni un poquito.
Al
principio, dijimos que la vida de Maradona se manejó siempre por altas
y bajas. Se pasó siempre de lo muy positivo a lo muy negativo, sin
escalas, sin zonas grises. Y en un detalle ejemplificador, vimos como
con Diego técnico, en menos de una semana, Argentina goleó 4-0 a
Venezuela para luego perder 1-6 contra Bolivia. Casualidad o
causalidad, el tiempo se encargará de aclararlo. Lo cierto es que
ahora, los extremos de Maradona tienen una diferencia: ya no dependen
sólo de él, de Diego persona. Ahora Maradona es la cabeza visible de un
grupo, formado en gran parte por jóvenes talentosos que lo admiran, lo
respetan y lo necesitan para encauzar el camino. Su doctrina futbolera
tiene que servir para que sus pupilos encuentren un equilibrio que les
permita triunfar de aquí a los diez años como mínimo que les queda de
carrera.
En otras palabras, la aguja del entrenador debe
estar en 2500 revoluciones. Manteniendo la mesura y aprendiendo de los
errores, será el tiempo, los resultados y las convicciones los
elementos que la harán crecer gradualmente. |